Palarizada

12 Oct

Se levantó aquel día desconcertada, la noche anterior no había podido degustar la cena, le sabía insípida, como si hubiera perdido el sentido del gusto. Sintió una punzada intensa de dolor en su oído izquierdo y decidió acostarse pronto, tenía que madrugar para ir a trabajar y llevar a Pablo al colegio.

Se lavó la cara y a continuación dirigió su mirada al espejo… había tenido una semana muy dura de esas de las que viajas en el metro y tu cabeza no para de pensar, en modo centrifugado On. Le dió vueltas a su situación y la de su hijo, muchas ideas, ninguna buena. En el espejo no se reconoció en sus facciones estáticas ni en su alma caída. Sus brazos derrotados cogieron fuerza para apoyarse en el lavabo e impulsarse, para sacar pecho… la soledad, el desconcierto, los problemas, habían minado su voluntad reduciendo todo a cenizas. Presente sin futuro, sin posibilidad de ver más allá.

ElledeSouza1

Ilustración: Ella de Souza

Lloró mares después de aquella reunión donde la psicopedagoga del colegio le había confirmado las sospechas de que su hijo tenía rasgos TEA (Trastorno del Espectro del Autismo), tan solo faltaban unas pruebas que determinarían el diagnostico. Llegó a casa y lo primero que hizo fue poner en el buscador de su ordenador las siglas  TEA y empezó a temblar, negó los resultados de la búsqueda. Un calambre frío recorrió todo su cuerpo, el miedo se apoderó de ella… Definitivamente no estaba preparada para esto. Ella quería un niño como todos los demás, listo, simpático, sin problemas para relacionarse, que no se escapara del parque, una réplica de niño neurotípico exitoso. La realidad era muy distinta, a Pablo le había costado empezar a hablar (empezó con cinco años), no se relacionaba bien y tenía problemas de aprendizaje.

Cuando tomó conciencia fijándose en la imagen que le devolvia el espejo, se dió cuenta de que el lado derecho de la cara se había paralizado, no podía pestañear, la comisura de su boca estaba caída y los músculos de la cara no respondían a su voluntad. El miedo había tomado forma y ocupado su cuerpo. Rápido corrió a Urgencias en espera de un diagnóstico: parálisis facial o parálisis de Bell (fruto quizás del miedo, ansiedad y depresión, nunca supo el motivo verdadero). Lo que ocurrió después es una larga y trabajosa historia…

 

 

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